Entre montañas cubiertas de niebla
y verdes eternos que abrazan el cielo,
nace la tierra de leyendas,
donde el viento susurra historias
de un pueblo valiente,
de pasado indómito y alma de fuego.
Pastuso es tu nombre,
orgullo de raíces profundas,
de hombres y mujeres
que nunca doblaron la frente
ante el trueno de Bolívar
ni ante promesas de gloria ajena.
En cada calle se oyen ecos
de voces erguidas,
de corazones que resistieron
el paso de la historia
con la frente en alto
y la verdad desnuda.
No fue el oro, ni el miedo,
sino la fidelidad a su tierra,
la pasión por sus costumbres,
lo que los hizo invencibles.
Gallardos en la tormenta,
firmes en la adversidad,
alzaron su bandera
contra el viento forastero,
defendiendo su memoria
hasta el último aliento.
Hoy, en el rumor de las plazas,
en el murmullo de las piedras antiguas,
vive el espíritu indomable
de aquellos que no cedieron.
Tierra de leyendas,
cuna de lealtad y coraje,
al pie del Galeras.
Tu historia no se apaga:
sigue viva en el pecho
de cada pastuso
que camina orgulloso
bajo cielo de América.