Soy Don Quijote, señor de los mares,
siempre deliro, mi mente está oscura.
Canten conmigo: ¡Beldad de locura!
Todos unidos lloremos, juglares.
Tengo mil letras que cantan al mar
pero hoy mi canto se vuelve quejar
porque en el fondo, bien lejos de orilla
vomitan sal que todo lo humilla.
Es salmuera concentrada, veneno gris
que baja callada y mata el anís
del plancton, del alga, de la vida chica
y el oxígeno escapa, se vuelve triza.
Los peces boquean, se apaga su danza
flotan sin rumbo, sin fe, sin esperanza
y el pescador mira su red vacía
con las manos rotas y el alma fría.
Cesantes quedan, se apaga el bote
se muere el pueblo, se muere el azote
de las olas que antes traían pan
y hoy solo traen sal y desolación.
La industria del salmón, que daba abrigo
a setenta mil manos y a tanto abrigo
se va apagando como una vela
mientras el mar se vuelve sequela.
Nadie me escucha, gritan las redes
nadie responde, se mueren las sedes
del mar que era vida y hoy es salmuera
y Chile entero pierde su ribera.
Tengo mil letras... ¿y de qué sirven
si las que importan nadie las vive?
Escuchen al mar antes que sea tarde
que sin mar, Chile también se muere.