Hacer las labores del gusano.
Ser el gusano
mirando la tapa de tierra que lo cubre sin estar muerto:
el techo heredado.
Devoro mis carnes
que están frente al espejo
y sonríen
como quien conoce el destino
y lo disfruta.
Espera,
paciente.
Solo dientes mordiendo el polvo,
la piel de la tierra soltando sus escamas
como limosnas,
y lo mastico.
¿Soy el hombre?
¿O la ceniza caliente de un cuerpo?
Soy el gusano arrastrándose
entre una muchedumbre de gusanos,
evitando el zarpazo definitivo
que en algún lugar espera,
cruzándose de piernas
como quien juega a los dados
con la muerte.