Desperté.
Mis pupilas brillaban, emulando el sol de un nuevo día.
Fui consciente del embrujo que el amanecer produjo, y entre las sábanas aún cálidas, nos perdimos en el sabor de nuestros cuerpos impacientes.
Desperté envuelta en ensueños,
entre caricias que reparaban y besos que enternecían.
Y ahí estabas tú., en mi pecho, en mi corazón y en mi mente.
Pero no estabas!.
Tan solo fuiste un sueño.
Un sueño que repetiría mil veces.
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