Hoy te he visto muy cambiada, no eres la misma de ayer;
dime, ¿qué te ha pasado?, tu mirada está perdida.
No logro entender qué pena llevas en tu ser;
tu sonrisa se ha escondido y tu alma luce herida.
Con voz baja me dijiste, mientras llorabas callada:
«A ese hombre le entregué mi juventud, mi ternura;
apagó toda mi fe, mi ilusión enamorada,
y el maltrato fue borrando mi encanto y mi figura>>.
Mi sonrisa tú la conoces desde nuestra adolescencia;
a tu lado descubrí un amor limpio y verdadero.
Pero un día te marchaste, te alejaste de mi presencia;
el mar fue tu gran destino … y también tu amor primero.
De ti jamás tuve noticias, quizá te tragó la mar;
ni una carta, ni un recuerdo que dijera que volvías.
No tuve más remedio que mi esperanza entregar,
a ese hombre que juraba que por siempre me quería.
Más detrás de sus promesas escondía un cruel tormento;
con palabras y desprecios fue apagando mi ilusión.
Cada golpe a mi esperanza fue quebrando el sentimiento,
hasta dejar en silencio las heridas del corazón.
Yo bajé entonces la frente, sin hallar explicación;
comprendí cuánto dolía la distancia que elegí.
Mientras yo surcaba mares persiguiendo otra misión,
tu destino fue cayendo ... y no estuve junto a ti.
Hoy te digo, amiga mía, que la vida aún te espera;
nadie merece cadenas disfrazadas de querer.
Vuelve a alzar la frente, como florece la primavera;
quien ha nacido para amar, también ha de renacer.