El nudo echo prado
He caminado tanto hacia el fondo
que terminé por cegarme de mí mismo.
Me cansé de mirar la piedra fija.
El laberinto sagrado y vasto
apenas es ya una brizna de hierba
en mitad de la llanura.
La tierra late sin pedir permiso
y el aire, con su peso limpio,
deshace el nudo hasta dejarlo prado.
Fuera está lleno
de todos los adentros.
Antonio Portillo Spinola ©