\"Yo confieso que estoy enamorado perdidamente de la tristeza, que soy adicto al dolor que se sirve con elocuencia: el olvidado, el ignorado, el triste, el marginado.
Soy un gato de techos viejos y tejados requebrajados, un aventurero anónimo, amante de la cafeína, un fumador desquiciado.
Soy un perdido con el corazón de un campeón que fue derrotado; sin importar las heridas que han marcado mi pecho, sigo aferrado a que mañana será un día mejor.
Amo el arte que pintan en el cielo los cirros, los nimbos y los estratos.
Del día amo los atardeceres rojos y azafranados, son el efímero recuerdo de las dagas del astro rey que nos bañan con su manto dorado.
Las tardes de lluvia me ponen feliz y la oscuridad nocturna me recuerda en el lugar de donde he llegado.
Confieso que quisiera ser diferente, pero no hago nada por cambiar; quizá sea ya una resignación que forma parte de mi propia esencia, de mi amor por todo lo que está devastado.
Tonto, ingenuo, romántico, infantil, alegre y amargado, soñador que cree que puede tocar las brillantes estrellas, pero se espanta de un corazón lleno de amabilidad y desinteresado.
Confieso que entonces huyo tembloroso, aterrado.\"
Eternas lunas.