Erika Castillo

MÁS ALLÁ DE LA RUTINA  

Ella era etérea, fría, distante en su mirada,
fingiendo orgasmos, con el alma destruida.
En la boca de él no existía, era solo compañía,
seguía el paso de los años... era la rutina.

 

La vida se hace rígida, pesada y sin sabores,
nos quita las ganas de vivir, marchita los colores.
Pero pesa más el día a día que la existencia misma,
perdiendo entre los problemas el brillo y el carisma.

 

Él ya no la veía, ella no se encontraba,
no sabía quién era ni por qué aún esperaba.
Entre cuatro paredes frías, en su cárcel de cemento,
aguardaba por un hombre que era un rastro para el viento.

 

Lamentablemente hay quien se conforma con migajas,
perdiéndose en rutinas, estancado entre barajas
de un callejón sin salida donde el olvido es la norma,
y el corazón se apaga mientras el cuerpo pierde forma.

 

Olvidamos las pasiones que alimentan el alma herida,
las pequeñas alegrías que florecen en la vida:
respirar a pleno pulmón cuando el alba nos alcanza,
o mirar hacia el ocaso con un resto de esperanza.

 

Son cosas que no cuestan ni un bolívar, te digo,

en esta Venezuela el tiempo es el único testigo.

En la vida no se entrega por monedas ni un \"buenos días\",

mientras por dentro el alma duele y muere lento, grita.

 

No dejes que el reloj te robe la alegría,
que el tiempo es el valor real, la única plusvalía.
No permitas que el consumo de la bendita rutina
te robe la libertad que tras el miedo se avecina.

 

Si quieres correr, ¡hazlo!, hazlo con valentía,
nada vale más que un día libre frente al viento;
con la cara hacia el sol, viviendo el último día,
encontrando en el presente tu mejor momento.

 

Así todos los días, buscando ser feliz,
con lo que trajo el alba y que en el ocaso culmina,
bajo la paz que la luna eterna nos brinda
como una amiga fiel, que nuestros pasos ilumina.