Estoy listo. La vida no me debe nada y no le debo nada a la vida. ¿Dios? Aquel que me ha dado esta enfermedad incurable está fuera de la ecuación.
Gracias a mi madre, a mi padre, a mi hermano… a mis amigos por permitirme vivir un día más desde hace algunos años. El día de hoy parto a una tierra en donde nadie me conoce, donde soy irrelevante (aún más) para todos. Aquí nadie me llorará, nadie me extrañará y nadie impedirá mi muerte. Mi plan es el siguiente: comprar una navaja en el Office Depot más cercano, entrar al baño, hacerlo y esperar a que me encuentren.
Es mi primer viaje solo. Estoy emocionado porque sé cómo es el final. Es liberador, es alegre, es paz. Veré a una de las personas más importantes de mi vida, aunque él no lo sepa, y moriré en el momento correcto. Siendo feliz, o al menos lo que creo es la felicidad…