mirtasly

El inquilino

El inquilino

​Hay alguien que me habita. No es humano ni fantasma; es inmune a los remedios y a los exorcismos. Siempre está aquí, disfrutando de importunarme.

​Tiene nombre de rock o de científico y pasea por mis entrañas sin pedir permiso. Como no distingue sexos, decidí ponerle uno: llevamos tantos años juntos que, al final, nos hemos aceptado. Yo lo apodé “el gordo de volquete”, aunque a veces se transforma en una serpiente que ahorca y ciñe todo lo que toca, mientras me congela como un iceberg.

​Cada invierno me susurra al oído:

—Este es tu último.

​Yo, sin inmutarme, le respondo:

—No hay problema, ya estoy lista.

​Entonces se vuelve fiera y arremete por mis arterias. Mi cuerpo agotado implora piedad y mi mente reclama su propio territorio. Ya me llevó dos veces a su mundo oscuro, pero no me ganó; soy una guerrera y en este juego conozco bien sus cartas… así que le canto ¡Truco! en la cara.

​Al llegar la primavera, el gordo se adormece, engañándome para que crea que vencí. Pero el verano entra con fuerzas y mi gordo bestia, renovado, cobra vida.

​Este ser que me habita es traicionero; ambos sabemos que, milímetro a milímetro, va ganando terreno. Por eso hemos hecho las paces. Sé que me terminará llevando, sí, pero tengo por seguro que partiré dormida… o lo haré riendo.