El no saber sufrir, es prisión espiritual.
Crece la angustia, y esta se desborda actuando como catalizadora del desastre interno y externo, las cuchilladas son para si y también para el prójimo.
Al contrario , saber sufrir es sabiduría de alto nivel evolutivo, el ser contempla con vitalidad el desarrollo de su propio amor, ofrendandolo a otros seres , sin especular, sin resabios de planes truncados o amores escupidos.
Esta virtud se ve enaltecida, relucen las manos abiertas, el corazón no escatima presencia, la mente disuelve las palabras hirientes de un ego mal educado , terriblemente mal tratado , convirtiéndolo en un tirano incanzable, que elige la mentira como verdad.
Perdona pero tortura, no pide perdón pero se enoja, vive de migajas al fin y el ser habitado por el se desmorona en una desfavorable realidad continua.
El ser humano que no sabe sufrir, es más peligroso que un pantano tapado por malezas, que a la vista te hace creer que podes pisar, pero te tragara aunque el se atragante.
Saber sufrir es irremediablemente una gran virtud