David Galán Parro

El pozo

Lágrimas secas rodando en mi cara

 

que adentro manaban como en un pozo;

 

así las escondí, ya muerto el gozo,

 

así al fondo iban por que yo te amara.

 

 

Mi pecho empozado lento crecía,

 

ahogando al corazón resignado

 

pues solo de ti era necesitado…

 

¡Fue duro no tenerte cada día!

 

 

Te reclamé a gritos en el desierto

 

más tu voz acudía sin tu presencia:

 

eras el fantasma de mi impaciencia

 

arrastrándose en un camino muerto.

 

No volverás. Oigo el goteo incesante.

 

Queda la noche, el insomnio, el instante.