¡Cuán pródigo! fue Dios con la natura
que en ella la belleza predomina.
Placenta universal y sepultura
y en su doble vertiente, genuina.
Pasando van los siglos mas perdura
la ley que su conducta determina
y a veces en su instinto maternal
un cambio se produce radical,
y tiembla con dolor la madre tierra
haciéndonos saber que está furiosa
y expulsa de su vientre lo que encierra.
Aún siendo su acogida generosa
Eolo con su filo al mundo aterra
de su temible espada gaseosa,
y el mar embravecido no permite
que nada sus dominios le limite.
Los ríos de sus cauces se hacen dueños
y arrastran cuanto encuentran a su paso
ahogando en un instante gratos sueños;
pues muchos hay que nunca hicieron caso
fueran grandes, medianos o pequeños
del curso que tuvieron, error craso.
Es cierto que las penas las padecen
sin duda, quienes menos lo merecen.