Los días no son buenos ni malos,
se deslizan suaves entre la luz y la sombra,
como hojas llevadas por el viento,
sin nombre, sin juicio,
solo instantes que pasan.
No lo definen los acontecimientos,
ni las palabras que duelen,
ni los gestos que sanan;
son lienzos en blanco
donde cada uno pinta
sus propios colores,
sus propios matices.
Que lo malo no defina tus días,
que la tristeza no sea la única voz;
deja que el sol se cuele
entre las nubes grises,
y que la esperanza te encuentre
en medio del desvelo.
Porque hay belleza en la sombra
y verdad en la luz,
y cada día, en su misterio,
es una nueva oportunidad
de descubrirte a ti mismo
más allá de lo que ocurre,
más allá de lo que pesa.