Besé tus labios como un filósofo novato,
dibujé mil caricias en tu ardiente piel,
no hubo prisa en tu tierno asombro,
me cubrí con la manta de tus encantos,
que llenó mi pecho de intensos suspiros,
culpé a tu boca de ser mi lugar favorito,
Tus hermosos ojos fueron un gran abismo,
un bello precipicio donde quise caer siempre.
Mi alma al verte no encontraba calma,
pero mis brazos te sostenían con fuerza,
y caías sin miedo en mi mirada fiel,
ese vacío fue nuestro refugio eterno.
Quererte a ti fue conocer el amor,
fue mirar la luna y suspirar fuerte.
Fuiste mi refugio seguro en el viento,
Nuestro amor latía en un tierno silencio.
Tu susurro sincero curó todas mis heridas,
dejando la huella más noble del mundo.
En la quietud total de la noche,
la mente se apagaba con tu pasión,
escuchaba a mi alma respirar a tu lado,
guardando la mudez que nos unía aún más.
Fuiste mi norte, mi vida y mi destino,
recorrí contigo aquel viaje tan dulce.