Tal vez mi cabeza me engaña.
Disfruto un café caliente
en la noche,
solo para despertar
en medio de la oscuridad.
Pensar
cansa mi cabeza,
pero es lo único
que sé hacer bien.
Busco que alguien me entienda,
aunque primero
deba entenderme yo.
Y aunque no aguante más,
en una soga escribiré
lo bella que es mi mente
y lo bello que es amanecer.
Porque la vida
no tiene la culpa.
Pero la culpa
siempre me carga.
Odio mi mente.
Pero amo mi ser.
En medio
de un vacío de cristal,
descubro
que no puedo dejar de ser.
Y aunque mis pensamientos
se cansen,
yo no puedo dejar
de pensar.
Porque incluso
cuando mi mente
se convierte en un laberinto,
hay un pequeño brillo
que me recuerda
que un saludo,
un café caliente,
una conversación sobre la vida
y un nuevo amanecer
siguen siendo suficientes
para decir:
gracias por un nuevo día.