AL POETA QUE LE GUSTA DE LA POESÍA
No es que la escriba por deber ni por afán,
sino que la busca como quien busca el aire
la encuentra en el susurro de las hojas secas,
en el eco de una risa en la plaza vacía.
Le gusta el peso de las palabras en la lengua,
el sonido que hacen al unirse en verso
le gusta cómo una metáfora puede transformar
un instante sencillo en algo eterno.
Le gusta el silencio que hay entre los versos,
el espacio donde el lector puede respirar
no llena cada hueco con palabras sobrantes,
sino que sabe dejar lo justo para la imaginación.
Le gusta descubrir que una frase vieja
puede volver a brillar con un nuevo sentido,
le gusta cómo la poesía puede ser tanto
un susurro íntimo como un grito en la montaña.
No la hace para ser visto ni alabado,
sino porque su corazón necesita expresarse así
porque la poesía es su manera de tocar el mundo,
de decir lo que siente sin necesidad de explicarlo.
Así es él: feliz con cada verso bien nacido,
con cada imagen que encuentra en su camino
porque a él le gusta de la poesía
no lo que es, sino lo que hace en el alma