¿Por qué metemos siempre
el dedo en nuestra yaga
y buscamos hurgando
consolación amarga?
Cuando algo está muriendo,
se muere, y muerto para siempre queda.
Y ya puedes quemarte las pestañas.
Puedes deambular por las veredas,
o te puedes condenar a pan y agua
en una oscura cueva.
¡Jamás torna a este mundo
lo que la muerte lleva!
Es triste, pero es cierto,
lo canta la evidencia,
y la evidencia engaña
solo a las mentes ciegas.