Volaba en mi jardín la mariposa,
que orgullosa mostraba sus colores,
mientras libaba el néctar de las flores
en actitud silente y misteriosa.
En tu grácil y exuberante vuelo,
mariposa de cristal, con tu aleteo,
haces de tu armoniosa danza ese solfeo
de dulces notas que llegan hasta el cielo.
Criatura de luz, tan frágil, tan divina,
desafías al viento en tu constante empeño,
como si fueras el reflejo de un ensueño
que el tiempo no marchita ni domina.
Te alejas por la tarde que ya muere,
dejando un rastro de sutil templanza;
y un eco de romántica añoranza
abraza el alma que mirarte quiere.
Ya eres un sueño, melancolía en vuelo,
un eco tenue que la sombra apaga.
Pero tu luz en mi memoria vaga,
ere estrella que ilumina el cielo.
Classman