Ya no queda el calor que prometías,
ni la luz que habitaba en tu mirada.
Se ha vuelto el alma sombra desterrada
tornando en luto el curso de los días.
Las horas van tejiendo lejanías,
dejando el corazón sin su morada.
La ilusión que fue un tiempo venerada
se disuelve en la bruma de los días.
Mas no guardo rencor a tu partida,
ni lamento el latido de este pecho,
aunque me dejes solo con mi herida.
Del fondo de este abismo me aprovecho:
pues si el amor me dio tan negra vida,
aprendo a renacer desde el barbecho.