Mil vaggio
Usurpador.
He querido para mí todos los atardeceres y todas las esperanzas juntas; cada forma de nube, todas y cada una de las gotas de lluvia de una tormenta, el azul infinito del cielo, por supuesto, la ola y el almizcle, la corona de Alejandro Magno y el pan francés, la soledad del pájaro, la sabiduría de Sócrates, la bondad de un dios, el ruido del andar del ciempiés, los framboyanes en flor y las noches apacibles, cada silencio y cada palabra que se incrusta en el corazón, mi piel bordada de alegría y mi canto de esperanza.
No por mucho tiempo pretendo todo esto; no quiero usurpar al mundo toda su belleza. Lo anhelo por un segundo: una chispa fugaz que deje encendida una hoguera, que me habite por décadas y resplandezca aún en mis días inhabitables.