Luis Barreda Morán

La Mujer Mariposa

La mujer mariposa

Aprendió a volar
sin desafiar al viento,
sino haciéndose su cómplice.

Roza el mundo
con la ligereza de quien ha comprendido
que la verdadera fuerza
no necesita hacer ruido.

No deja huellas en la tierra.
Deja recuerdos.

En cada aleteo
se desprende un perfume invisible,
una música tan tenue
que solo los corazones despiertos
alcanzan a escuchar.

Nunca mendigó miradas.

Supo desde siempre
que la belleza
es una luz que nace por dentro
y encuentra el camino
sin pedir permiso.

Por eso no busca ser admirada.

Simplemente existe.

Y basta su presencia
para que el aire cambie de temperatura,
para que la tarde
se vuelva más luminosa,
para que el silencio
olvide su tristeza.

No desea jaulas,
aunque estén hechas de oro.

No quiere manos
que pretendan poseerla,
sino ojos
capaces de descubrirla.

Porque sabe
que el amor no florece
donde hay cadenas,
sino donde dos libertades
deciden caminar juntas.

Su verdadera hermosura
no vive en los colores
que adornan sus alas.

Habita
en la serenidad con que perdona,
en la ternura con que escucha,
en la valentía con que vuelve a empezar
después de cada invierno.

Es vuelo
cuando la esperanza parece dormida.

Es piel
cuando una caricia
consigue decir
lo que las palabras callan.

Es primavera
abriendo ventanas
en el corazón del tiempo.

Tan libre
como un deseo
que se niega a morir.

Tan inolvidable
como la primera lluvia
después de una larga sequía.

Y quien se atreve
a mirar más allá
del temblor de sus alas,

descubre que en su corazón 
late un jardín entero,

que ama
sin ruido,
sin prisas,
sin condiciones,

con la misma infinita delicadeza

con la que una mariposa,
sin romper el silencio del mundo,

besa una flor.

--Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA 
Julio, 2020.