Se volvió a cruzar tu mirada con la mía y, al pasar a tu lado, el olor de tu cabello negro ébano, que caía en rizos sobre tu hombro, me provocó un flashback: un rojo vino sobre las faringes en una noche oscura, y mis manos recorriendo tus abductores para presionar y abrir la puerta hacia Venus, deslizando mis labios sobre ti, disfrutando el sabor y dándote a probar tu propio veneno, mientras me agarras del pelo y me dices: «Continúa... ya mero llego».
Fuck... (suspiro).