Estuve todo el día meditando desde el fondo oscuro de este cuarto solitario, observando por la ventana el vaivén cotidiano y vertiginoso de la gran ciudad que me mira indiferente.
Una sensación de calma me invadió, un silencio profundo como un grito de locura, comprendí al ver más allá de la noche que ya estaba perdido, encadenado a fuerzas invisibles que luchaban adentro de mi ser, y como un abismo de mí mismo me sentí el espectador ciego de un mundo corrupto, sin tiempo y sin amor.
Estaba poseído, herido, enajenado, abordado enteramente por copias deformes e inexactas de mí mismo, involucradas temporalmente en el espacio donde el ser se forma.
No quiero ahora tener un nombre o un rostro, entonces juzgarían mi forma y mi diferencia desde otras perspectivas, sólo ahora quiero ser igual a todos en todas partes, ser tan vacío y plano para no ser juzgado y condenado, invisibilizar tanto al ser para que no sufra el peso amargo de la diferencia, privarlo tanto de su singularidad hasta convertirlo en una carencia pulsante.
¿Quién se supone que debes ser?
Barcos lejanos nos llevarán a un lugar como la infancia, hacia un estado de felicidad inconsciente e inocente, hacia un país de cielo abierto e imaginario profundo como un sueño y tibio como un sol, así de simple soy feliz e inocente
al caminar descalzo por el bosque lleno de luz y misterio. Ahora soñar es ser feliz.
Lo que sueño es más real que yo, aquello es el espejo de mi deseo, estoy parado en la puerta de mi deseo y es como el mismo infierno Dantesco. El deseo es lo que es:
mi fuente de placer y sufrimiento, la total libertad para ser cualquier cosa.
En el silencio no hay ausencia, hay esperanza.
El mundo me creó y ahora no me ignora, porque yo soy la materia de la que están hechas todas las cosas. El mundo despierta en mi despertar y muere en mi morir. Ahora soy yo el espejo de todo.
Algo me sacude desde el interior, del otro lado estoy yo.
Soy el poeta, ayudáme a descifrar la escritura sagrada.
Escribir es liberarse, desdoblarse, trascender del lenguaje hacia el espacio concreto, habitando la vida como un estado de ilusión permanente, es dar respuesta a una pregunta que nadie hizo.