Juan Iscar

No lo hagas

Un ser irrepetible tejes en tus entrañas.
Alrededor de sus huesos surge una red
de nervios, venas, músculos y tendones.
Le harán flexible, sensible e independiente;
un vehículo que lleva el alma.
Diez lunas recorren la esfera celeste
grabando la crónica de la gestación.
En el interior ingrávido del líquido amniótico
crece ignorante del campo que le aprisiona,
la presencia ubicua de la gravedad ineludible.
¿Cómo puede haberse convertido en angustia
la razón de vida y esperanza?.
¿Quién puede borrar los sentimientos del recuerdo?.
¿Quién eliminar la presencia del miedo?
Una destrucción emocional,
una corrupción de lo humano;
un miedo atroz degrada la sensibilidad,
la seductora ternura de la madre.
Encogido en el útero crece, enorme,
su cabeza en relación al cuerpo.
Materia, sentimiento y espíritu,
su cerebro, conectado al tuyo,
aprende continuamente en la escuela impagable
de tu experiencia vital, de tus emociones,
de todo de lo que te alimentas,
y aprende a degustar aquello que te complace.
La música que oyes se transmite por los rincones,
donde hay regocijo con el ritmo y la armonía.
Tu voz resuena en las cavidades del cuerpo
y en el ser que participa del oxígeno que tomas,
del agua que bebes, del ritmo de tu corazón,
de las emociones que te embargan,
y, con cada vivencia, se establecen sinapsis
construyendo el conectoma
donde se implanta su yo y su memoria
que tanto participa de la tuya.
El sonido acostumbrado de tu corazón
es ritmo con el que se armoniza y acompasa.
Detectas por su estado de movimiento
el agrado o incomodidad que le afecta.
El derecho a la vida y la libertad
son innatos al ser humano.
No destruyas al hijo que ya tiene alma.
No lo hagas.
Aunque el temor, la inseguridad y el abandono,
te opriman y angustien el corazón;
no lo hagas.
Aunque tengas la presión de buenas palabras,
y el apoyo de leyes injustas e inmorales
que lo propugnan como un derecho tuyo,
perversión de lo humano;
no lo hagas.
Aunque haya quien diga que es un absceso ajeno a ti,
que puede extirparse sin peligro;
eufemismo de salud sexual y reproductiva;
máquina de matar niños no nacidos,
y de hacer dinero con sus prácticas
y abominable venta de despojos.
¿Dejarás que extraigan su cerebro en tu interior?
No lo hagas.
¡Grita!. Un grito desgarrado revela la angustia
y el cuerpo reconoce la impotencia de la debilidad.
El Señor escucha a los corazones abatidos.
El impacto ha llegado al cerebro primitivo
que conoce tiempos de caza y nomadismo;
emociones que preparan la huida y la defensa
y habla desde el inconsciente a través de los sueños.
Ahí vive, en la casa más profunda de la madre,
oscuro templo del misterio de la vida,
en el abismo de las aguas de la emoción y del instinto.
Se ha impreso en tu vida para siempre,
en sueños lo verás y en cada niño,
en las pesadillas y terrores nocturnos se presentará;
te alcanzará la fobia y la ansiedad vivirá en tu pecho.
No lo hagas.
Tu vida ha cambiado sin remedio,
un hito irrefutable construido dentro de ti.
La formidable transformación ha comenzado.
El mundo, la realidad, los seres espirituales,
saben de su existencia
y esperan el florecimiento de la vida.
No permitas que el miedo te mantenga fuera de ti
hasta alcanzar un éxtasis que pervierta lo real.
Vuelve al interior, al origen de la vida, a tu verdadero ser.
Bienaventurada tu que en el vientre llevas fruto de eternidad.
Darás a luz y olvidarás el temor de lo oscuro
y la perversidad de la mentira.
No lo hagas.
Deposita tu confianza en Aquél que es el Bien.
La paz habitará en tu corazón.
En tus entrañas anida el futuro, el camino, la verdad, la vida.