Lo que sucede
Más propiamente hablando de ambos
Es que uno se cansa, pierde vitalidad.
¿Sabes?
Es raro de entender.
Pero creo en los imposibles
Soy implacable en el arte voraz de
tender la cama, poner los huevos en la sartén, doblar la ropa.
Es decir, en acomodar pequeños defectos que aparecen en mi vida.
Creo en los imposibles
en el tiempo, en la memoria, en el amor
específicamente hablando de ambos,
en esa nula posibilidad del estar.
Puede ser que tú seas una cabeza dura
y te falte alguien que domine la técnica
de que rías, de que no llores sola y...
pues no lo sé...
que de paso puedas compartir tus labios y te escuche.
Es raro... ¿No lo crees?
Comparar cuatro años con una semana.
No obstante,
en defensa propia, siete días se ven más llanos, más alegres, más posibles.
Pero uno pierde vitalidad de llamar al timbre
y nunca poder observar ese tapicito que dice \"Bienvenido\".
Empiezas a entender la diferencia:
de que te dejen pasar
a que tengas que convencer para ello.
Creo en los imposibles
en las buenas personas, en los valores, en la belleza
únicamente en referencia a usted.
—Claro...
Yo no le pertenezco, tal vez nunca me necesitó y no piensa volver. Está bien.
Uno se cansa; piensa que con versos se puede evocar el regreso.
¡Exacto!, se puede volver por un poema, pero con usted es complejo.
Es una cabeza dura.
Entiendo, voy agarrando el punto.
Sé que no piensa volver o, ¿sí?
Jamás escribiría un mensajito nuevo donde del usted pasara al tú. Creo que ya se ha marchado.
Pero creo en los imposibles,
en que la gente regresa, no se va, sabe que le hace bien.
Lo que sucede
es que sé que nunca tomaría la iniciativa
si se arrepintiese y deseara volver.
Lo que duele es que uno pierde vitalidad
y se cansa de esperar
sin ser llamado.