Miro al piano, un público ansioso... La enigmática bruma entra por una ventana abierta. También reparo en la flor seca, en la navaja y el crucifijo. Una luna altiva mira. El Señor de la casa está, \"¿a quién temeré?\" ¿a la opinión del populacho, a la tristeza o a lo amargo que corta? ¿Acaso no se ha abierto la flor fresca de mi corazón? Me subo a la brisa y entre notas algodonadas aterrizo en el cielo de la Tierra. Lo piso firme en cada inspiración, en cada latido acompasado. Entregándoselo todo, absolutamente todo...
hasta que esto dejar de ser una ilusión poética, porque la escribo de su susurro y paso a vivir en ella. La entrego. Y ya no es mía... porque nunca ha sido mía.