Cae despacio la llovizna
sobre el campo adormecido;
cada gota va escribiendo
lo que el viento había olvidado.
Bebe el trébol, canta el sapo,
se despierta el espinal;
la semilla, allá en la tierra,
sueña verde al germinar.
Así pasa con el alma
cuando aprende a perdonar:
llueve adentro muy callado
y florece el manantial.
No hace falta que los hombres
griten fuerte su bondad;
la llovizna jamás proclama
todo el bien que sabe dar.
Emiliodr/Julio 5/26