Alma_Segura

AÑOS DE LUCIÉRNAGAS

En el pantano ciego donde las aguas nadan,

las luciérnagas forman un cadalso de luces,

donde mi sensación se topa con la tuya,

donde el mortal se vuelve recurrente,

pero sin resolver lo mío con lo tuyo,

sin solvencia.

 

La oscuridad del ser no subsana el destello,

aquella luz fugaz e iridiscente,

como la de tus ojos enjaulados,

en el parque temático del trauma,

de lo que ya sucede en cualquier superficie,

en la profundidad y el espejismo.

 

No me escondo de ti, ni me da miedo

el recuerdo, que es otra forma de amor,

pero sin ofrecerlo.

 

Las cosas que se tuercen por esencia,

son las más naturales, las más hondas,

no se pueden romper con la palabra.

 

Dije que te quería, y  también que te amaba,

y lo mantengo, solo por la ley del embudo,

tú me has despreciado, y eso no tiene filtro.

 

No es que tenga esperanza en lo que hago,

es que convivo apenas con mis letras

y discusiones varias, que no me condicionan.

 

Acaso no me gustes, solo seas castillos en el aire,

paja, paparruchadas, balbuceos.

El tiempo no ha cambiado nada, las agujas no dejan

de moverse.

 

Si tú formaras parte de mis aburrimientos

te lo haría saber.

Yo no miento a la gente que no me importa un bledo.

 

La mentira es un don para sobrevivir,

No hay ninguna mezcla entre tú y yo.

Ni el aire circundándonos dentro de una vorágine.

 

Un sentimiento raudo,  a contraluz,

con distancia insalvable, reticencias,

mirada de hojalata, no hablaste con el alma.

Rompiste los sonidos y los verbos,

pero no la poesía.

 

Abominables manos, huyo de tus caricias.

Ojos humedecidos, era cuestión de suerte,

mucha, mucha más suerte que dejaras por fin

tu zona de confort, también de confundirme.

 

Pero eras un ser débil, cobarde y puñetero,

y me dabas razones para odiarte,

aún sigo en este punto.

 

Visto desde el presente,

puedo experimentar el amor en su máxima expresión.

Cuando aflora hay silencio, bullicio cuando hay odio.

 

No justifico nada, me queda la esperanza,

nadie va a rescatarme, no de mi inteligencia,

de mis introspecciones, pero sin corrección.

 

En mi vida jamás hubo margen de error,

sino que se encendían las alarmas,

y cada uno sufría por su cuenta.

-¿Y esta chica que puse de perchero?-