Piramidal, la negra sombra asciende,
calla la tierra, el caos lo enclausura,
el alma, suelta ya de ligadura,
al alto Olimpo su valor extiende;
su cetro el rey, el pobre la prebenda
ven semejantes en la noche oscura,
con libre rapto la mente procura
un sacro crisol que el saber encienda.
Mas ¡ay!, que ya en el glorioso camino,
Ícaro ardiente en el fulgor divino
ve el triste fin de su alta fantasía;
despierta el mundo a su frágil anhelo,
la luz triunfante rinde la porfía
y el mortal acepta el límite del cielo.