Serapio es un conejo gris y hermoso,
que busca el fresco pasto con presteza;
la luz del sol le llena de pereza
y corre entre la hierba, temeroso.
Avanza con un salto de prisa y brioso,
dejándome esperando en la maleza,
mas sabe que el destino nos tropieza:
yo soy su compañera, y él es mi gozo.
Tengo en mis manos todo su alimento,
el tierno verde que su amor prefiere,
mientras el patio se ilumina al viento.
Y con el sol que por la tarde muere,
florecen veraneras al momento
en este hermoso hogar que tanto lo quiere.