Dama de las Algas

Hoy recibĂ­ una carta

Ya no está de moda recibir cartas,
aquel papel que acariciábamos
cuando su lectura nos ponía nerviosos,
colmados de palabras de amor.

Hace ya muchos años
que el tiempo dejó su huella
en aquel papel amarillento
que no dejo de releer.

Ha pasado un tiempo infinito,
y todavía recuerdo
cuando llegó el cartero
y la puso entre mis manos.

Solo el abismo
era mi compañero
en aquel momento,
y cada palabra escrita
caía sobre mí
como una pesada losa.

Mi pensamiento volaba
entre cada sílaba,
sin control,
incapaz de comprender
una situación
que no volvería nunca más.

Ahora todo es frío.

Entonces,
el papel, suave y vaporoso,
me daba abrigo,
y cada oración
me cantaba al oído
como un susurro
de voces celestiales.

No importaban las noticias
ni la firma del caballero.

Era un corazón
que latía al leerla,
un pulso acelerado
y un sentimiento plasmado
con cariño y empeño,
en palabras dulces
que volaban hasta mi casa
dentro de un sobre viajero.

Hoy recibí una carta.

No pesaba casi nada,
pero al abrirla
el silencio
llenó la habitación entera.

Venía doblada con cuidado,
como quien guarda un latido
para que no se rompa
en el camino
hacia otro corazón.

Cada palabra tenía un rostro;
cada punto,
una pausa del alma.

Y mientras la leía despacio,
el tiempo dejó de correr.

Hay cartas
que traen noticias;
otras,
despedidas
o promesas.

La mía
trajo un recuerdo,
de esos que no hacen ruido,
pero cambian el día entero.

La guardé junto al pecho,
no por el papel,
sino porque entendí
que aún existen palabras
capaces de abrazar
desde lejos.

 

Dama de las Algas

España 5 de julio del 2026

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