Sinécdoque del poema
No es todo el bosque, pero lleva su esencia,
ni toda la sinfonía, pero guarda su compás.
Es el tronco robusto que sostiene la danza
de hojas que brillan cuando llega la mañana.
Es el guijarro pequeño que sabe al río ancho,
la estrella que ilumina el camino de un joven.
El mate caliente que abre el día nuevo,
la risa que suena cuando los amigos se encuentran.
No tiene nombre grabado en piedra o en metal,
ni necesita letreros para ser hallado.
Vive en el abrazo seguro de quien nos espera,
en el pan que amasa con manos trabajadoras.
Es el aroma de madera que calienta la estufa,
el sonido de lluvia que moja el maíz dorado.
El paso firme de quien va camino a la fuente,
la semilla que crece, aunque nadie la mire.
No busca ser el jefe de ninguna compañía,
ni necesita aplausos para ser verdad.
Es el lazo que une a cada corazón,
el hilo fuerte que todo lo ata.
Así es sólido y presente
como el agua clara que refleja el cielo.
No necesita palabras para ser esencial,
pues su verdad misma es su mejor legado.