Transparéntate, hazte viento, roca, orúgate… Descubre tu piel, anfíbiate en la tarde dulce que te insecta. Menea la sustancia montañosa que te hace retoño de flor de cacao, amíbate mientras paso a paso te termita esta luz incandescente que te vuelve un punto en este tiempo, tiempo en que te niegas a ser otra cosa: luciernágate, lampréate, sangüijuélate. Osifica tu intestino, hormígate como lo hace el canto. Rinocerontéate con el color de la Vía Láctea… Respírate, engullete, vomita, defeca el nombre que quieras darte: así nacen los cúmulos de estrellas. Desprecia tu imagen en el reflejo de las patas desmembradas, hazte menos que nada, renace, garzachapulinérate, o como sea que se diga… Pero hazlo no muy lejos de aquí...