Si acaso alerto tus sentidos,
o disparo tus latidos,
no sospeches,
ni te esfuerces
en desvelar motivos.
Han muerto,
muerto al fin:
el ansia de besarte,
la infamia de tocarte.
Muerta está.
El deseo en la mirada,
muerto está.
Muerto el sentimiento,
muerto el ánimo.
Penoso,
convaleciente,
me encuentro.
El ideal del amor
no existe más.
No más.