Te escribí estos versos
que tú nunca leerás,
y mientras pierdo el tiempo,
mi tren se escapará.
Voy de la mano del fracaso,
intentando volver a empezar.
Que lo decida una moneda:
reír o llorar.
Si tu primavera se convierte en invierno
y no hay un hogar al que regresar,
caminas en mitad de la nada
y el miedo es tan difícil de esquivar.
Pero incluso en la noche más oscura
hay estrellas que no se niegan a brillar;
entre las ruinas de los sueños
siempre queda algo por salvar.
Y aunque el viento cambie de rumbo
e intente hacerme naufragar,
todavía hay un faro entre la niebla
que me invita a continuar.