A la Poesía de Babilonia.
Reptan en la marchita luminiscencia,
deformados en el moho de las sombras,
seres desahuciados de pureza.
Sus voces son de dragones,
pero su apariencia es la de un cordero;
la iniquidad es la mano de su orfebre.
Autoproclamados dueños de las letras,
voceros de la belleza de la palabra,
el sucio pecado, estiércol que aparenta ser gema,
de los poetas que edulcoran la mentira.
Beben de su estiércol,
lo beben como miel de polillas,
se emborrachan para luego fornicar entre ellos,
mientras la leche y la miel de los prados del Señor,
emana como delicia bajo la lengua en un beso Santo.
Ocultistas, hechiceros, idólatras,
habitantes de sus ciudades de herrumbre,
pongan sus vidas bajo la voluntad del amanecer,
sus nombres serán inscritos en el libro de la vida,
para habitar la futura ciudad santa de la nueva Jerusalén,
vuélvanse a la cena santa de Dios, vuélvanse pronto,
las copas rebosan de vino, ante sus enemigos,
y la mesa esta plena de alimentos para saciarnos.
Sus cuerpos como de ángeles
serán un don de Dios,
¿Puede ser basura un regalo celestial?
aún hoy en la tierra.
Sus almas son invaluables como la sabiduría,
y es sabiduría reconocer el valor de sus almas.
Vengan al Señor que tanto los ama y desprecian,
y los hará resucitar en el tiempo postrero glorificados.
¡Ay de ustedes! falsos poetas que los premian,
que con el vaho del engaño los alientan,
disfrazando su hedor con pino y flores de azahar,
a despreciar su paternidad y odiar la santidad.
No roban el burro sino el cordero,
y no contentos lo trasquilan
y lo deshonran ante Dios;
pero no les basta aun así y siguen en su jactancia,
porque no contentos lo matan
en el matadero de sus presunciones y elogios,
condenadas sus almas al infierno cuatro veces,
por los siglos de los siglos.
Trae a tu memoria a Natán y la ley,
el que da su espalda a la gracia de Cristo,
por la fe.
por los siglos de los siglos.