Antonio Portillo

Memoria del tejido

Es una llanura desarmada ante el tiempo,

un mapa que se escribe a golpes de luz y de sombra,

sin derecho a la enmienda.

​Al principio es la página en blanco:

un pacto terso, una línea continua

que ignora el peso del aire.

Pero el verano exige su tributo de sol,

y el frío va cavando, despacio,

sus hilos invisibles en las esquinas de los ojos.

​Cada cicatriz es un nudo de carne

donde el dolor se hizo piedra.

La piel guarda el rastro del asombro

en los poros abiertos que buscaron el aire,

y la marca exacta de la pérdida

en la marea baja de su elasticidad.

​No hay tregua en el tacto.

Los años no la desgastan: la despojan.

La van volviendo un pergamino transparente,

donde las venas dibujan los ríos internos,

la raíz que se resiste a la tierra.

​Al final,

cuando el tiempo pasa el cuchillo por el rostro,

queda la belleza bofetada y viva

de quien se dejó habitar por los días.

Antonio Portillo Spinola ©