Quiero aferrarme a la vida,
como a las flores del vestido azul de encantos
que esconden tu femenil figura,
con la que estructuro sueños geométricos
que corren en las noches que se extienden
por las largas laderas del destino,
por océanos vírgenes,
por las hojas marcadas con tu risa,
en cada despertar de amaneceres próximos.
Quiero gritarle una frase de amor a tu silueta dormida,
para despertar los sueños madrigales
que las musas del tiempo guardaron en tu piel,
y develar lentamente en la intensidad de tu sonrisa
secretos ancestrales que amarran estrellas en tus labios;
así, aferrarme a la vida, a los sueños de octubre,
sintiéndome vivo para amarte en mis diarios.
Para descubrirte desde adentro,
desde las fibras que conectan la realidad de tu mundo,
en el estrecho silencio de los sentimientos,
como un pez que viaja a la oscuridad absoluta
buscando un refugio final.
Quiero sellar con tus labios
el poema más sencillo del mundo,
agitar sonidos de colores
y recuperar mis cometas de niño.
Sólo quiero un espacio en tu sonrisa.