Un aire, solo uno,
el aroma de un beso,
la capa de una flor,
un vuelo de estorninos,
una vajilla nueva, pero frágil,
un lugar para huir de malos pensamientos.
La magia que desprende una palabra,
que a veces puede ser mucho más que un deseo.
Eso siente el poeta expuesto al folio,
travesía que siempre acaba
en primera persona.
Es un descubrimiento, encubrimiento,
¡Ah, mi literatura, nunca podré engañarme!
Si la voz se me atasca buscando la verdad,
me miente sin palabras.
Ah, si todo lo oculta la mentira,
dónde puedo llegar, cuál puede ser mi hallazgo.
No hay poeta que se sienta solo.
Si este conglomerado le acompaña
y si sabe decirse sus cosas como son.