Está anocheciendo.
Las ventanas abiertas, el cielo enrojecido,
y la palabra…pendiente.
Tu nombre:
Ah, me gusta tanto tu nombre.
Las horas transcurriendo despacio
y las luminarias encendiéndose en hilera.
Juntos, caminando por los alrededores
y disfrutando la delicia de la noche.
Una dulce mirada suavizando las huellas
en medio del silencio de los dioses.
Y regresar a casa con la mesa servida,
las caricias amontonadas en todos los rincones
y la espera, saboreando el retorno.
Y la palabra…pendiente.
Porque a veces hasta tu nombre,
parece que me duele
en alguna parte.
L.G.