Si de competir se tratara
yo no sería ni participante,
que insensatez,
parece que no lo ves.
noventa días y noventa noches
frente al altar con tu nombre
el que se ha ido derrumbado,
es casi inexistente como tú
y tu tacto en mi corazón.
Las heridas en mis rodillas
ya no sangran,
retrocedo constantemente
en un acto nostálgico,
sin más, no quiero volver a tus brazos.
Es liberador y doloroso al mismo tiempo
saber que ya no te tengo
pero tampoco esa opresión en el pecho
cada día por medio.
Qué ironía, qué ironía,
acepto mi condena,
prometo aprender a amar
pero no a amarte.