Con ganas de llorar
y casi arrodillada ante
la vida,
sigo riendo, jugando,
gozando.
Con las lágrimas
en los ojos, hoy traigo a tus
pies, vida, una
juventud a la
cual nunca supe
cómo sacar provecho;
una juventud
llena de angustias,
falta de esperanzas
y débil
espiritualmente.
¿Cómo llegaré a viejo
en estas condiciones?
Sordo de voz,
paralítico en el amor,
aprendiendo
solo unas cuantas
palabras:
un «te extraño», un
«te quiero», pero jamás
un «te amo».