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POSIBILIDAD

Donde existe una mínima posibilidad
de que el el mismo aire deje de existir,
donde el pecho ya no palpite
pidiendo una razón más para seguir.

Donde aquellos ojos,
cansados de buscar,
descubren que, en la nada,
también puede habitar un sentido.

Entonces comprendemos
por qué la vida
fue siempre una descarga de adrenalina
corriendo a través de nuestras almas.

Aprender a sobrevivir
se convirtió en un maldito romance:
seguir luchando,
aun cuando el cuerpo se rompe,
aun cuando la esperanza se desvanece,
hasta entregar
la última partícula
de nuestro ser.