Juan Diego Kammler

Nuestros Hijos

Te conocí sobre circuitos y luces,
en sus cruces nos perdimos, entre el deseo y el vacío.
Pasó el tiempo, un tiempo de silencios,
hasta que el dolor dictó: hazle el amor a sus ojos y oídos.

Te mezclaste con la vida de mi tinta,
y la música que te envié, convertida en el trazo de mis plumas,
fue el esperma que fecundó los óvulos de tu mente.
Así gestamos la vida que el destino nos negó.

​Me regalaste parte de tu vida para que yo la transmutara.
Así nacieron nuestros hijos, frágiles y mudos;
portan piel de papel y tienen grabado,
como una cicatriz, todo lo que no quisiste ver.

Te dirán siempre que te aman; son la sangre de lo que fuimos,
siguen vivos porque los alimentamos al leer su cuerpo,
porque nos negamos a que el olvido los devore.

Pero yo desaparezco,
me agoto borde a borde.
Sostengo la energía con lo último que queda de pulso,
pero llegará un momento en que será tarde:
esta memoria ya no tiene impulso.

Nuestros hijos me visitan a todas horas;
son la poesía que hicimos a fuego,
en mañanas, tardes y noches sordas.

​Si desaparezco, te lo suplico:
cuídalos con el amor que aquí, en la distancia, inventamos,
aunque sea un amor que nunca, jamás, podrá tocarnos.


-Juan Diego Kammler