Luis Barreda Morán

El Nogal

El Nogal

No nació para medir el tiempo,
sino para conservarlo.

Hundió sus raíces
más allá de la humedad de la tierra,
hasta donde el silencio
aprende a pronunciar los nombres
que el viento ya no recuerda.

Cada anillo de su tronco
es un calendario sin números,
una página escrita
con lluvias,
con soles,
con inviernos pacientes
y primaveras obstinadas.

No ofrece solamente sombra;
extiende una memoria viva
que cobija
las palabras que no encontraron tumba,
las risas que se elevaron como pájaros,
los llantos que la tierra bebió en secreto
y las promesas que nunca dejaron de florecer.

Cuando el viento atraviesa su copa,
no mueve hojas:
abre archivos invisibles.

Las ramas traducen
el idioma antiguo de la savia,
y cada crujido
es una puerta
que conduce a un tiempo
que jamás terminó de irse.

Los pájaros golpean la corteza
como si despertaran campanas dormidas,
y de cada eco
brotan voces intactas,
versos que sobrevivieron al polvo,
juramentos,
canciones,
esperanzas
que encontraron refugio
en la madera paciente.

El aroma del nogal
no es solamente resina.

Es tinta recién nacida,
papel envejecido con dignidad,
bibliotecas respirando
bajo la corteza,
libros escritos
por las estaciones.

Sus raíces
descienden sin miedo
hacia el corazón del mundo,
donde el tiempo
deja de ser reloj
para convertirse
en semilla.

Allí recoge
lo que la historia quiso perder:
la verdad pronunciada en voz baja,
la justicia defendida sin espada,
la ternura escondida entre los días comunes,
el amor que nunca pidió monumentos.

Después,
con la paciencia de los árboles,
lo devuelve todo
convertido en hojas,
en sombra,
en nidos,
en frutos,
en silencio fecundo.

Porque hay árboles
que alimentan el cuerpo.

Y existe un nogal
que alimenta la memoria.

Mientras permanezca de pie,
ninguna palabra dicha con amor
desaparecerá del todo.

La tierra seguirá recordando.

El viento seguirá leyendo.

Y el nogal,
con su inquebrantable quietud,
continuará sosteniendo el peso invisible
de todos los recuerdos
que aprendieron
a florecer para siempre.

—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA 
Julio, 2022.