Allá en ése pueblito olvidado
donde el cielo parece sonreírle a la vida
donde el río le canta a las flores
allende entre alisos y quinhuales viví.
Allí entre el croar de las ranas
y el mugido de clamorosas vacas
entre el aroma de pan recién horneado
crecí, jugué y aprendí a vivir en soledad.
Siendo aún ingenuo y bisoño la conocí
su risa cantarina y sus ojos juguetones
su contagiosa alegría y dulzura de su sonrisa
subyugaron mi sueños y pensamientos
En las tardes de setiembre enamorado
la contemplaba embobado
en las coquetas mañanas de diciembre
las avecillas que pronunciaban su nombre.
Cuantas veces pinté su cara en las arenas del río
quien sabe las que veces escribí su nombre en el viento
hasta en romántico poeta me convertí
muchos poemas brotaron por doquier
Un día empujado por el afán de crecer
a la gran urbe el destino me llevó
mi vida entre libros y aulas enterré
quería un lugar en la vorágine de la sociedad
El tiempo fue golpeando mi historia
mi vida por completo cambió
pero aún bulle en mí el deseo de volver
al pueblito donde el amor conocí.
Lima, 30 de junio del 2026