Aprendí a vivir con el dolor
a respirar con el dolor
a bailar con el dolor.
Es una herida en el pie
que sangra a cada paso que doy
pero que no me permite frenar
me recuerda la herida
pero no me estanca
Me obliga a caminar más despacio
pero no me hace dejar de hacerlo.
Tengo las lágrimas pegadas
a los párpados secos
y las palabras colgadas
en las amígdalas desgastadas
desgarradas de dar explicaciones,
de gritar súplicas,
y de lágrimas que ya no se riegan
sino que se regresan hasta la garganta y queman.
Pero ya no me detiene el miedo
que reposa en el estómago lleno de lamento
ni la culpa que reposa como una cruz anclada en la espalda.
Seguiré el camino, a pesar de las grietas en el pecho
de las manos raspadas, y la falta de aliento.
Ya no importa el cansancio, ni el miedo
ni que el tiempo siga corriendo
Seguiré, dejando el rastro
y bailando el vals de los desahuciados
y con la efímera esperanza,
de que un día el dolor, mire para otro lado.