A dónde van, decime, las palabras
que no se quedaron a pelear el renglón?
¿Acaso flamean siempre como prisioneras
de un ventarrón abstracto y sin memoria?
No te preocupes tanto, no se pierden.
Apuesto a que se recogen en las hendijas,
ahí donde la prisa no las alcance,
buscando el calorcito de un recuerdo limpio.
¿Y las miradas aquellas que se despidieron
con la mochila llena de adioses urgentes?
A veces siento que ruedan sobre los cristales
cual gotas de llanto que quieren pasar.
Es que golpean la ventana de la tarde
pidiendo permiso para volver a entrar
en el mapa de tus ojos, que las extrañan.
No se mueren en la nada del olvido.
Me da miedo que el tiempo las deshaga,
¿acaso nunca vuelven a ser mirada?
Aunque jueguen a no ser, aunque parezcan ceniza,
vuelven siempre en el inventario del alma,
una tregua, un asombro que nos salva,
o simplemente, las ganas de volver.