Quién sabe qué emociones dominantes
lograron reprimirte en esos tiempos,
quién sabe si es de ayer, de hoy o de antes
este brutal caudal de sentimientos.
Quién sabe qué motivos te llevaron
a fugarte, a seguirme o a esperarme.
Quién sabe en qué lugar te habrás quedado
durante veinte inviernos sin hallarme.
Quién sabe para qué habrás llegado
de nuevo a devolverme mis mañanas.
Me basta con saber que has regresado
y casi no me alcanzan las palabras
para, desde hoy, agradecer que estás de nuevo
llenando ese vacío que me aplasta.
Necesité tu magia, sin consuelo.
En cada amanecer me hiciste falta.